Lo que aprendí al escucharme seis años después
Desenterré las veintiséis grabaciones de mi podcast para pasarlas a texto. Acabé encontrando otra cosa: un retrato bastante incómodo de cómo hablo, cómo entrevisto y cómo dejo las cosas a medias.
Desenterré las veintiséis grabaciones de mi podcast para pasarlas a texto. Acabé encontrando otra cosa: un retrato bastante incómodo de cómo hablo, cómo entrevisto y cómo dejo las cosas a medias.
El índice completo de Podcast Algoritmos: veintiún textos de episodio con su video y cincuenta y tres textos más que salieron de sus digresiones.
Sixteen things I want to do before I die, across four pillars. I'm afraid to publish this. I'm publishing it anyway.
A journey through grades, nonprofits, startups and corporate — and the lesson I learned about choosing metrics that align with what you actually value.
Sobre lo que se pierde cuando vives entre tres idiomas y lo que aprendes a soltar
Sal Khan honestly reflected on what Khanmigo didn't do. The correction barely traveled. That's how the myth survives — not through lies, but through asymmetric amplification.
Why I don't experience teaching and leading as separate things
Not fear of failure. The specific fear of being caught wrong on something you're supposed to know cold.
How teaching became the thread that runs through everything I do
El consejo de Franco, que tiene 16 años y aprendió todo solo. Y el ejemplo que usa es exactamente el correcto: ese señor de 50 años que crees que no te puede enseñar nada.
Club Penguin lo baneó. Hizo su propio juego en PowerPoint. Descubrió Visual Basic adentro. Llegó a SmartFox Server. Y treinta compañeros de escuela le tumbaron el servidor sin querer.
Tiene 16 años, es autodidacta completo, y cada salto técnico suyo salió de un problema personal muy concreto. Su colegio no da programación. Sabe cosas que yo no sé.
Joan tiene uno que no ha podido resolver. Se le bloquea. Y en vez de abandonarlo o de tratarlo como un fracaso, está esperando el día en que le llegue la inspiración.
Un compañero mío no empezaba a programar hasta tener un diagrama. Su regla era que si no puedes hacer el dibujo, todavía no entiendes el problema. Es la mejor prueba de comprensión que conozco.
Joan consiguió una beca de colaboración en la universidad. Se enteró de que existía porque un profesor se la mencionó. Y ése es el problema entero.
A Joan le sorprende que a sus amigos les sorprenda que haga falta imaginación para programar. Escribe historias desde antes que código, y su motor es cerrar el ciclo de un problema difícil.
Por qué una computadora cuántica de siete qubits sólo te deja operar con tres. La respuesta no es matemática: es que sostener dos átomos en el estado que pediste es dificilísimo.
La crítica de Ariel Gamboa al paper de supremacía cuántica de Google: el crédito que sí merece, el que no, y por qué comparar computadoras cuánticas con clásicas es un error de categoría.
Leer un paper del que no entiendes nada, bajar por las referencias hasta tocar un piso donde sí entiendes, y volver a subir. No es una técnica de investigación: es la técnica.
No es una computadora más rápida. Tiene building blocks distintos, y compararla con la clásica es un error de categoría. Un investigador explica en qué punto está realmente el campo.
Salen topos de unos hoyos. A los que traen casco no les debes pegar. Con eso se mide impulsividad, y con la pantalla vacía se mide hiperactividad.
Un cuadrito que dispara bolitas es aburridísimo. Un tanque con orugas que dispara globos, no. Y las métricas te dicen si tu problema es la dinámica o los gráficos.
Bruno hizo un juego de memoria musical donde la gracia era mantener el ritmo. Los jugadores reproducían la secuencia lo más rápido posible e ignoraban el sonido por completo.
De una tesis de neurofeedback a una empresa que hace juegos en Unity para medir y entrenar la atención de los niños. Y la lección real: hacer un videojuego es, sobre todo, no programar.
Dos clips de anuncios, uno al cerrar la primera temporada y otro al volver después de un año de silencio. Resultaron ser lo más honesto que grabé sobre sostener un proyecto propio.
Nunca pensé en escribir, mucho menos por voluntad propia. Tal vez esta sea una buena oportunidad para reconciliarme con la hoja en blanco.
Más allá de las donaciones, se sostiene porque quien lo usa y sabe programar le mueve cosas y las manda de vuelta. Llevo años queriendo hacer eso y sigue pendiente.
Andando en las configuraciones deshabilité el escritorio y me quedé solo con la línea de comandos, sin conocer los comandos. Estuvo interesante y un poco frustrante, y es exactamente el precio de entrada.
Desde la que no toca nada de tu computadora hasta la que borra todo. Cuál elegir depende de qué tan seguro estés, y no hay ninguna razón para empezar por la última.
No lo cambié porque Ubuntu sea gratis. Lo cambié porque me pone en un estado mental distinto: si algo no me gusta, lo puedo cambiar. Y si la herramienta no existe, la puedo inventar.
Vemos objetos mundanos todos los días y damos por hecho que los entendemos. Traemos en el bolsillo el acceso a todo lo que no sabemos de ellos, y justo por eso no lo usamos.
A veces ni siquiera sé cómo formular la pregunta, porque no conozco la traducción del término. Sobre por qué terminar la carrera y conseguir trabajo no te vuelve experto por arte de magia.
Puedes tener todos los libros del mundo sobre el color y aun así no saber qué es el amarillo. Un experimento mental que explica por qué la información no sustituye a la experiencia.
Me mudé a un país cuyo idioma no hablo, a un trabajo cuyas tecnologías no conozco. Es agotador y es la mejor sensación que tengo. Un episodio sin guion sobre no saber.
Buen trabajo, buen lugar, flexibilidad, todo bien. Y justo eso es lo que me inquieta. Escrito a las dos semanas y media de haberme mudado a otro país.
Seis ramas, explicadas con un libro en vez de con código. Y la razón por la que corriges un error, actualizas, y el mismo error vuelve a aparecer.
Lo que git te da de verdad no es poder regresar. Es poder cambiar cosas sin preocuparte, porque sabes que hay un lugar al que volver.
Si acabas con archivo_v1, archivo_v2 y archivo_final_bueno, esta herramienta es para ti aunque no escribas código. Y de paso explica de dónde salen los numeritos de las versiones.
Una práctica de universidad: un carrito en 2D, unos sensores simulados, una sola instrucción manual, y cuatro reglas difusas. Tomaba las curvas solo. No prueba lo que parece probar, y aun así enseña algo.
Evaluamos nuestras decisiones por el resultado, y el resultado casi siempre tiene algo de suerte. Una jugadora profesional de póker lo explicó mejor de lo que yo lo había pensado.
En vez de verdadero y falso, grados de verdad entre cero y uno. Suena esotérico y por dentro es una serie de multiplicaciones y sumas. Sirve para controlar cosas y no sirve si necesitas precisión.
Si sólo sabes que existe un mouse, una computadora y un monitor, hay una ruta concreta. Andrés Arriaga la explica sin saltarse el primer escalón, que es el que todo el mundo se salta.
Andrés Arriaga las llama las dos cosas que deciden si te va bien o no. Una viene de que los profesores dan por hecho que ya sabes hacerla. La otra, de una lección de ping pong.
Andrés estudia ingeniería en computación en Costa Rica y su respuesta es tajante: para nada. Aunque para especializarse de verdad sí sea la ruta más pavimentada.
Los planes de estudio no se pueden reformar a la velocidad a la que cambia la tecnología. Ni siquiera los de las carreras nuevas. Y quizá no se pueda arreglar desde dentro de la institución.
Un sistema experto guarda el conocimiento de muchas personas. Un sistema entrenado con ejemplos guarda muchos ejemplos. No es lo mismo, y la diferencia se nota justo cuando algo sale mal.
Un programa de los años setenta que prescribía antibióticos con cinco reglas encadenadas. Funcionaba. Lo que lo detuvo no fue la tecnología: fue que nadie supo quién se haría responsable si fallaba.
Tres corredores, dos premisas, una respuesta que se deduce sola. Es un juego, y es también la promesa completa de los sistemas expertos.
Escribes el conocimiento de un especialista como reglas lógicas y cualquiera puede llegar a sus mismas conclusiones. Su gran virtud es que sabes exactamente por qué decidió lo que decidió. Su condena es todo lo demás.
Mi error al empezar a organizarme fue escribirlo todo. Escribirlo todo no está mal; creer que todo pesa lo mismo sí. Cómo uso Bullet Journal y Trello, y por qué el papel gana.
Visitar varias ciudades recorriendo la menor distancia posible es un problema que puede tardar años en calcularse. Las hormigas lo aproximan todos los días con feromonas y sin saber nada.
Mi tesis fue reproducir el movimiento de una parvada. Iban a ser drones y acabó siendo una simulación. Lo que quedó son tres reglas, ningún líder, y un descubrimiento que no esperaba sobre los peces.
Existen varias áreas la biónica que no son mencionadas por eso me decidí a hacer este escrito y a hablar de ello en mi podcast.
En mi GitHub están los proyectos de la universidad, tal como quedaron. No son bonitos. Y ahí está el punto, porque la escuela te enseña cosas y nunca te enseña a demostrar que las sabes.
La pregunta "¿con qué lenguaje empiezo?" no tiene respuesta buena, y por eso abruma. La que sí se puede contestar es otra.
En la secundaria, el profesor de computación decidió no seguir el programa oficial y nos enseñó Flash. De ahí salió todo lo demás.
Empezar a programar suena como algo imposible y muy complicado si nunca lo has hecho. Sin embargo, en mi opinión, se convertirá en una habilidad básica para trabajar en cualquier industria. Aquí lo bueno y lo malo de ser programador.
Tomas una foto del cuarto vacío, restas cada fotograma, y lo que se mueve aparece como una mancha sobre negro. Eso es todo el algoritmo. Y su restricción es la parte interesante.
Una ventanita de 3×3 que se desliza sobre la imagen. Con unos números adentro te da desenfoque; con otros te da los bordes. Es la misma operación las dos veces.
Por qué las fotos del cielo salen blancas, qué información se pierde para siempre al saturar, y el algoritmo de dos pasos para estirar el contraste.
En cuanto ves una foto como un tablero lleno de valores entre 0 y 255, todos los filtros de Instagram y de Photoshop dejan de ser magia y se vuelven aritmética.
Grabé un episodio sobre cómputo paralelo mientras lo estaba aprendiendo, avisando que no lo dominaba. Sigo pensando que fue la decisión correcta, aunque no por las razones que creía.
El experimento de la prisión de Stanford y el de la rata y la heroína llegan a la misma conclusión desde lados opuestos: la situación pesa más de lo que estamos dispuestos a admitir.
Repartir un trabajo entre mil núcleos suena a que va a ser mil veces más rápido. No lo es, y las dos razones por las que no lo es son las mismas que arruinan cualquier trabajo en equipo.
No es que cada núcleo sea mejor. Es que hay muchísimos, y hay tareas donde la misma operación se repite miles de veces sobre datos distintos. Lo caro no resulta ser el cálculo.
Las computadoras para lo repetitivo, lo masivo y lo que tiene demasiadas posibilidades. Nosotros para la intuición, la colaboración y lo que exige juicio. No se trata de cuál es mejor.
El teléfono es una interfaz no orgánica que conecta tus pensamientos con los de otras personas. Hace lo mismo que un libro, pero más rápido. Y aun así sigue siendo lentísimo.
Un episodio de 2018 sobre blockchain, redes sociales e inteligencia artificial. Casi todo lo concreto envejeció mal. Lo que sigue en pie es una idea, y no tiene nada que ver con el dinero.
Uno es gráfico y sirve para verlo con los ojos; el otro es un algoritmo y sirve para que lo haga la máquina. Los dos hacen lo mismo: reducir una función booleana a su forma mínima.
Sabes perfectamente qué es un ave y no puedes escribirlo. Ése es exactamente el problema que intentan resolver los algoritmos que aprenden con ejemplos.
Un juego de mesa cuyas reglas se explican en menos de un minuto y que es excelente. Desde afuera parece que nadie le dedicó tiempo al diseño. Probablemente es al revés.
En una fracción o en una ecuación hay una metodología clara para llegar a la forma más simple. En el mundo real casi nunca la hay, y ahí es donde empieza lo interesante.
Hay problemas donde pedir "la mejor solución" es la pregunta equivocada, porque no existe una. Existe un conjunto de compromisos, y elegir entre ellos te toca a ti.
Población, selección, cruce, mutación y convergencia, explicados con el diseño de un automóvil que nunca se fabrica.
La versión de la evolución que casi todos tenemos en la cabeza no es la de Darwin. Es la de Lamarck, es más bonita, y es falsa. Y esa diferencia es justo lo que permite convertir la evolución en un algoritmo.
Variación, selección y herencia se pueden convertir en un algoritmo para resolver problemas de optimización. Y lo que devuelve no es una respuesta, es un catálogo de compromisos.
Ordené la cocina y el comedor con el método de Marie Kondo y acabé usando un árbol de decisión de dos preguntas. Funcionó, y me tomó todo el fin de semana. Aquí lo que sí y lo que no.
Si una empresa contrató sobre todo hombres, un sistema entrenado con esos datos va a preferir hombres. La solución obvia es balancear la base de datos. Creo que hay una mejor.
Una caja negra lo es para el usuario, no para quien la programó. Y en los casos donde sí lo es para el desarrollador, lo que se desconoce es el estado, no el funcionamiento. La diferencia importa.
Existen decenas de algoritmos para ordenar una lista y casi ninguno importa. Lo que decide todo es bajo qué criterio ordenas, y esa decisión no la toma ninguna máquina.
Tres decisiones son ocho caminos. Cuatro son dieciséis. Y el ejemplo más simple que se me ocurrió —prender la luz de noche— falla en el primer intento por una razón que vale la pena mirar de cerca.
Sirve para decisiones pequeñas y se rompe justo cuando más la necesitas. Lo que hay del otro lado es la utilidad esperada, las heurísticas y aceptar que a veces no se puede predecir nada.
El nivel avanzado no piensa mejor que el principiante. Simplemente le diste más tiempo para simular partidas al azar. Así funciona el algoritmo Montecarlo.
Una decisión es una elección entre varias opciones, condicionada por objetivos, normas y experiencia. Una computadora reproduce ese proceso con condicionales encadenados. Lo único que no ha podido copiar es el factor emocional.