La vez que me quedé sin interfaz gráfica
Al principio de la carrera, hace ya varios años, andaba explorando las configuraciones de Ubuntu. Moviendo cosas, viendo qué hacían, como se hace cuando estás aprendiendo.
Y en algún momento deshabilité la interfaz gráfica.
Lo que eso significa
Reinicié y ya no había escritorio. No había ventanas, no había iconos, no había mouse que sirviera de algo. Sólo una pantalla negra con una línea de texto esperando instrucciones.
(En ese entonces el escritorio de Ubuntu era Unity.)
El problema no era técnico. El problema es que yo no conocía los comandos de Ubuntu. No sabía dónde estaba nada, no sabía cómo se llamaba lo que había roto, y no tenía una interfaz desde la cual buscar cómo arreglarlo.
Estaba en la posición de tener que preguntarle algo a la computadora usando exactamente el lenguaje que no hablaba.
Estuvo interesante, un poco frustrante
Ésa es la frase con la que lo describí en el podcast y sigue siendo la más honesta que tengo.
Interesante porque salí de ahí sabiendo cosas que no habría aprendido de ninguna otra forma. Cuando no tienes atajos, lees. Y cuando lees porque estás atorado, se te queda.
Frustrante porque no había ninguna garantía de que fuera a salir, y porque el tiempo que se va en eso es tiempo que ibas a usar en otra cosa.
Lo que esto dice de Ubuntu
Ésa es la desventaja real, y no la que suele mencionarse.
No es que le falten programas. Es el periodo en el que te acostumbras: cuando no conoces algo, mientras aprendes cómo usarlo y dónde buscar, es un tanto molesto. Como con cualquier herramienta nueva, pero con más superficie donde romper cosas.
Pero una vez que pasas esa barrera, la verdad es que es muy útil.
Y por qué no lo cambiaría
Porque la razón por la que se rompió es exactamente la razón por la que me gusta: puedo cambiar lo que sea.
Un sistema donde no puedes deshabilitar la interfaz gráfica por accidente es un sistema donde tampoco puedes cambiar la mitad de las cosas que sí quieres cambiar. Las dos propiedades vienen juntas y no se pueden separar.
Lo que sí aprendí es a hacer estos experimentos sabiendo cómo volver. Que es, ahora que lo pienso, la misma lección que el punto de control en git: el atrevimiento no viene de no tener miedo, viene de saber que hay un camino de regreso.
Este texto sale del episodio 016 del Podcast Algoritmos, sobre por qué borré Windows.