Por qué borré Windows
Este episodio lo grabé en un programa que acababa de encontrar y que no sabía usar, porque cambié de sistema operativo y en Ubuntu no conocía ningún programa para hacer podcasts. Ésa es también parte de la razón por la que tardé más en publicarlo.
Y es, de paso, un buen resumen de por qué hice el cambio.
El motivo real
Empezó hace un par de semanas, cuando me di cuenta de que en el trabajo siempre estaba usando Windows. Desarrollo aplicaciones para Windows, servicios de Windows. Todo el día era Windows.
Y llegando a la casa no quería ni siquiera abrir la computadora.
Me gusta bastante lo que hago, pero estar todo el día en eso es muy cansado. Y yo quiero seguir haciendo estos podcasts, seguir programando por mi cuenta, tomar cursos en línea. No tener ni ganas de encender la computadora era un problema.
Así que necesitaba algo diferente. Algo que me diera un incentivo para aprender cosas nuevas, pero con la practicidad suficiente para no tener que aprender todo desde cero.
Cómo instalarlo, en corto
Ubuntu es una distribución de Linux, que es el esqueleto, la parte más interna. El sistema operativo es el programa que te sirve para comunicarte con tu hardware.
Debajo está el BIOS, que distribuye todos tus dispositivos —tarjeta de video, pantalla, mouse, teclado— y funciona como el mecanismo de encendido y apagado. Cuando prendes tu computadora ves el logotipo de la marca, y ahí una tecla (F2, F10, F12, a veces F6) te lleva a un menú viejito, de puras letras sobre fondo azul. Ahí hay opciones que confieso que no entiendo del todo: cosas de seguridad, la virtualización que necesitas si vas a usar máquinas virtuales, y el orden de arranque.
El procedimiento:
- Descargas el archivo ISO.
- Usas Rufus para pasarlo a una USB de forma booteable —que no sólo estén almacenados los archivos, sino que se puedan ejecutar.
- En el BIOS cambias el orden de arranque para que empiece por la USB.
- Reinicias y sigues el asistente, que es bastante amigable si no te vas a las opciones avanzadas. Es de los más fáciles para alguien que nunca ha usado Linux.
- Eliges tu distribución de teclado. Aquí un detalle que importa: los teclados en español tienen tecla ñ y los de Estados Unidos no, así que la distribución de varias letras cambia.
- Usuario, contraseña, actualizaciones. Quitas la USB, regresas el orden de arranque, y ya.
Tres formas de probarlo
Antes de decidir nada, hay tres caminos con distinto nivel de compromiso: correrlo desde la USB sin tocar nada, instalarlo junto a lo que ya tienes, o borrar todo.
Yo borré todo. La computadora tiene siete u ocho años —era buena en su momento, ahorita ya no tanto—, sospechaba que tenía virus desde hacía mucho, y años de instalar, desinstalar y mover configuraciones se habían ido apilando unos sobre otros hasta dejarla lentísima. El disco, de medio terabyte, estaba al 90% de videos y fotos.
Hacía falta empezar de cero. Antes respaldé más de 230 GB en Google Fotos.
Y ahora sí, la razón de verdad
Todo lo anterior es la excusa. Ésta es la razón:
Me pone en el mindset de aprender: no me gusta esto y lo puedo cambiar. Si no existe una herramienta, pues la puedo inventar.
Ubuntu es código abierto. No sólo es gratis de usar: es gratis de modificar. Si algo está ahí, en la pantalla, es porque en algún lugar del código está programado. Y si quieres cambiarlo, sólo tienes que encontrar dónde, o encontrar a alguien que ya lo preguntó antes, o preguntarle a quien lo hizo.
En Windows hacer estos cambios es molesto, si es que se puede. Están los registros, no hay mucha información, y sobre todo: no me pongo en ese estado mental. Doy por hecho que las cosas son como son.
Las dos pruebas de esto fueron ridículas: mover la barra de programas de arriba hacia abajo, y esconder la barra de título de las ventanas porque me quitaba espacio en una pantalla chica. Ninguna de las dos me tomó más de media hora o una hora.
Es un cambio muy tonto, sólo para tener más espacio. Pero es una prueba de que eso es posible.
La otra cara
También hay que decir lo malo. Hace unos años, al principio de la carrera, andando en las configuraciones deshabilité la interfaz gráfica y me quedé solo con la línea de comandos, sin conocer los comandos de Ubuntu ni saber dónde estaba nada. (En ese entonces el escritorio era Unity.)
Estuvo interesante y un poco frustrante. Eso es lo malo de Ubuntu: el periodo en el que te acostumbras. Pero una vez que pasas esa barrera, la verdad es que es muy útil.
Los programas
La ventaja de Windows es que las comunidades y los programas ya están establecidos: Photoshop, Premiere, After Effects. Nada de eso corre en Linux.
Eso hace tiempo era un problema. Hoy hay opciones similares o incluso mejores. OpenOffice en vez de Office: no tiene exactamente todas las funciones, y algunas están ahí con otro nombre que no encuentras justamente porque no sabes el nombre. Pero no hay nada que no puedas hacer en uno o en el otro. GIMP en vez de Photoshop, con una interfaz muy parecida; decir que es difícil es totalmente cierto, pero no es más difícil que aprender Photoshop.
Con el video me fue peor. DaVinci Resolve fue una de las razones por las que decidí cambiarme —es de nivel profesional, muy fácil de aprender desde cero, y usa nodos en vez de capas, cosa que me gustó mucho. Lo instalé en Linux convirtiendo el instalador, que estaba hecho para otra distribución, siguiendo instrucciones que encontré en un foro. Se instaló precioso. Y resulta que el códec h.264 —el que usa mi cámara, y uno de los más comunes que hay— no corre en esta versión de Linux, mientras que en Windows es gratis.
Así que a desinstalarlo. Y como lo había instalado a mano, tuve que desinstalarlo a mano: buscar todos los archivos y todos los cambios que había hecho un programa que yo no escribí. Me tardé bastante. También aprendí cómo funciona un instalador y en qué se diferencia de otro.
Terminé en Shotcut, muy parecido a Premiere al menos en la interfaz.
Lo que sigue pendiente
Todos estos programas se sostienen con donaciones y con algo más: gente que los usa, sabe programar, les mueve cosas y se las manda a los creadores, que deciden si son lo bastante buenas o si cumplen sus estándares para incluirlas.
Poder buscar exactamente la función, exactamente las líneas de código, y descifrar cómo funcionan otros programas. Y eventualmente reportar un problema, o diseñar una característica que falta y enviarla.
Ser contribuidor de un proyecto de código abierto es algo que tengo en la cabeza desde hace bastante. Va a tardar: ahorita no es prioridad y el tiempo es problema.
Una última cosa
Ubuntu es sólo una de muchísimas distribuciones gratuitas. Hay de paga también, pero si tienes lo mismo gratis, empieza gratis y muévete sólo si necesitas algo muy específico.
Hay distros para todo. Las hay enfocadas a audio, que llegan con todos los programas instalados. Y la que más me llamó la atención —nunca la he usado— está hecha para enseñarte seguridad: activas ciertas funciones y simula que un hacker está tratando de entrar a tu computadora, te manda alertas y te empieza a lanzar ataques para que aprendas a defenderte. De seguridad no tengo ni idea, pero eso suena increíble.
Ubuntu me parece un buen punto de inicio, o una buena opción cuando necesitas algo versátil al que de vez en cuando le puedas meter cosas más avanzadas.
Por el precio de nada, aprendí cómo sirven ciertas funciones, dónde están ciertas características, y voy a tener la oportunidad de aprender programas profesionales de otras áreas.
Este texto sale del episodio 016 del Podcast Algoritmos. Cuando lo grabé, Google Fotos ofrecía almacenamiento gratuito ilimitado en "alta calidad"; ese plan ya no existe.