Cambia "¿estás seguro?" por "¿qué tan seguro estás?"

Escuché un podcast donde entrevistaban a una jugadora profesional de póker que estaba promocionando su libro. Hablaba de decisiones, pero desde el lado del azar, y dijo algo que se me quedó pegado.

El ejemplo de la cita a ciegas

Vas a una cita a ciegas y sale muy bien. Te la pasas bien, es divertido, conoces a una persona interesante. Sales pensando —quizá sin decírtelo así— que fue una buena decisión.

Vas a otra cita a ciegas y sale nefasta. Es aburridísimo, no se habla de nada, no hay conexión, la comunicación es torpe. Sales pensando que fue una mala decisión.

Y aquí está el truco: la decisión fue exactamente la misma. Es una cita a ciegas. No conocías a la persona en ninguno de los dos casos. Tenías la misma información antes de decidir.

Lo que cambió fue el resultado. Y evaluamos la decisión por el resultado, no por lo que sabíamos en el momento de tomarla.

Los tres tipos de juego

Ella lo explica comparando juegos, y la comparación aclara mucho.

El póker: no sabes qué tiene el oponente ni qué va a salir en la mesa. Depende de qué tan bien jueguen los demás y de algo de suerte.

El ajedrez: es 100% táctica. Toda la información está sobre el tablero, para los dos jugadores. No hay azar.

Cocinar: es determinista. Combinas ciertas cosas, cierto tiempo de cocción, y sabes lo que va a pasar. Si te pasas una o dos horas, se quema. Punto.

La mayoría de nuestras decisiones importantes son póker y las tratamos como si fueran cocina.

El cambio de pregunta

Su propuesta es dejar de preguntar "¿estás seguro?".

Con información incompleta, la seguridad simplemente no está disponible. La pregunta no tiene respuesta honesta, y como no tiene respuesta honesta, la contestamos con confianza fingida o con parálisis.

La pregunta útil es "¿qué tan seguro estás?".

Ésa sí se puede contestar. Un 60%. Un 30%. Y una vez contestada, sabes cuánto apostar, cuánto reservar, y cuánto vas a sorprenderte si sale mal.

La consecuencia que cuesta más

De ahí salen dos errores simétricos que casi todos cometemos:

No te acredites una buena decisión por un resultado que fue suerte. Si ganaste con una mala decisión, tomaste una mala decisión y tuviste suerte. Si lo registras como acierto, vas a repetirlo.

No descartes una buena decisión por un mal resultado. Si perdiste habiendo decidido bien, decidiste bien. Cambiarla en una situación futura, sólo porque esta vez salió mal, es aprender la lección equivocada.

Lo segundo me parece lo más difícil, porque el mal resultado duele y el dolor se siente como información.

Por qué lo conté junto con lógica difusa

Porque es la misma idea sin matemáticas.

La lógica difusa existe porque forzar todo a sí o no tira información que sí tenías. Un grado de verdad del 0.7 dice más que un "verdadero", y "qué tan seguro estás" dice más que "sí".

En los dos casos, lo que se gana al aceptar los grados es la posibilidad de actuar de forma proporcional en vez de tener que elegir entre actuar del todo o no actuar nada.


Este texto sale del episodio 013 del Podcast Algoritmos, sobre lógica difusa.

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