El acertijo de la carrera, o cómo llegar a las conclusiones de un experto sin serlo

Tres amigos corren una carrera: Alicia, Brandon y Carlos. Llegan en algún orden: primero, segundo y tercero.

Sabemos dos cosas:

  1. Brandon y Carlos no llegaron consecutivamente.
  2. Alicia le ganó a Brandon.

¿Quién ganó la carrera?

La deducción

Si Brandon y Carlos no están uno después del otro, sólo hay una forma de acomodarlos en tres lugares: uno quedó primero y el otro tercero. No sabemos todavía cuál es cuál, pero sabemos que están en los extremos.

Eso deja un solo lugar disponible para Alicia: el segundo.

Y sabemos que Alicia le ganó a Brandon. Si Alicia es segunda, Brandon tiene que ser tercero.

Por lo tanto Carlos ganó la carrera.

No hicimos ninguna suposición. Cada paso salió del anterior.

Por qué esto no es sólo un juego

Fíjate en lo que acabas de hacer: de dos premisas obtuviste información que no estaba escrita en ninguna parte.

Ése es el mecanismo entero de un sistema experto. Alguien que sabe deposita sus premisas —las reglas de su oficio— dentro del sistema. Y después, cualquiera puede llegar a las mismas conclusiones que esa persona sin tener su experiencia.

Eso es una promesa enorme y por eso vale la pena verla en algo tan pequeño que se puede seguir en la cabeza.

Cuando ya no cabe en la cabeza

Hay problemas de esta misma forma que son muchísimo más grandes. El más famoso es el acertijo de Einstein:

Cinco casas de cinco colores distintos. En cada una vive una persona de una nacionalidad distinta, cada una bebe una bebida distinta, fuma una marca distinta y tiene una mascota distinta. Cinco cosas con cinco propiedades cada una.

Después vienen las premisas: el británico vive en la casa roja, el sueco tiene un perro, y así una lista larga. Y al final la pregunta: ¿quién es el dueño del pez?

Es exactamente el mismo tipo de razonamiento que el de la carrera. Pero el número de combinaciones es tan grande que una persona difícilmente lo resuelve a mano. Ahí sí conviene un programa.

Y ése es el punto de corte: la lógica no cambió, sólo cambió la escala. Los lenguajes hechos para esto —Lisp, PDDL— existen precisamente para escribir premisas y dejar que la máquina haga la parte tediosa de recorrer combinaciones.

Lo que se lleva uno

Que la mayor parte del trabajo no está en la conclusión, está en las premisas.

En el acertijo te las dan y son ciertas por definición. En la vida no. Un argumento es válido cuando, si las premisas son ciertas, la conclusión lo es; verificar cada premisa en vez de adivinarla es lo laborioso y lo que casi nadie hace.

Cuando dos personas discuten y no llegan a nada, casi nunca es porque razonaron mal. Es porque están partiendo de premisas distintas y ninguna las dijo en voz alta.


Este texto sale del episodio 010 del Podcast Algoritmos, sobre sistemas expertos.

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