El reparto entre humanos y máquinas

Hay una charla de Maurice ContiLas invenciones increíbles e intuitivas de la inteligencia artificial— que propone una forma de repartir el trabajo que sigue pareciéndome la más sensata que he escuchado.

El reparto

A las computadoras, lo que se les da bien: lo repetitivo. Lo que tiene muchísimos datos. Lo que tiene demasiadas posibilidades para explorarlas a mano.

A nosotros, lo fino: lo que necesita intuición. Lo que necesita colaboración entre personas. Lo que necesita una aprobación. Las tareas de percepción. Y las tareas éticas, morales y de apreciación —cosas como la belleza.

Lo que hace distinta a esta forma de plantearlo

No se trata de que una cosa sea mejor que la otra.

Ése es el punto y es el que casi siempre se pierde. La conversación normal es una competencia: qué pueden hacer las máquinas que nosotros hacíamos, cuánto falta para que hagan el resto, quién gana.

Esta forma de verlo cambia la pregunta. No es quién es mejor en qué. Es: si usamos las herramientas para amplificar nuestras capacidades, ¿qué se vuelve posible que hoy no lo es?

Y la respuesta que da Conti es la que me interesa: crear cosas que ahora no existen. No hacer más rápido lo que ya hacemos —eso es lo aburrido de la automatización— sino llegar a lugares que no estaban al alcance de ninguno de los dos por separado.

Dónde creo que está la trampa

En que la línea del reparto no está donde uno cree, y se mueve.

Muchas tareas que parecen requerir intuición son, vistas de cerca, reconocimiento de patrones sobre datos que uno acumuló durante años. Y muchas que parecen mecánicas resultan estar llenas de decisiones pequeñas que nadie escribió nunca.

Así que el reparto no es un mapa fijo. Es una pregunta que hay que volver a hacerse cada cierto tiempo, sobre cada tarea concreta.

Lo que no se mueve

Lo que sí me parece que se queda de nuestro lado es la última categoría de la lista: lo ético, lo moral y lo de apreciación.

No porque una máquina no pueda producir un resultado en ese terreno —evidentemente puede—, sino porque ahí el problema no es producir el resultado, es responder por él. Y responder por algo es, hasta donde alcanzo a ver, una cosa que sólo hacen las personas.

Es lo mismo que impidió que MYCIN se usara, y sigue sin resolverse.


Este texto sale del episodio 005 del Podcast Algoritmos sobre el futuro de la tecnología.

No se pudo guardar tu suscripción. Por favor, inténtalo de nuevo.
Tu suscripción ha sido exitosa.

Boletín

Recibe nuevos artículos por correo.