Lo importante no es el token, es no tener que confiar en nadie

Este es, de todos los episodios que grabé, el que peor envejeció, y creo que vale la pena decirlo desde el principio.

Buena parte de él es un recorrido por proyectos de criptomonedas de 2018 que hoy o no existen o son otra cosa. Los precios, el estado del mercado, la lista de nombres: todo eso es una foto de un momento, y una foto que salió bastante mal.

Lo que sí sigue en pie es la idea central, y no tiene nada que ver con el dinero.

Dónde estaba yo parado

Para que se entienda el nivel desde el que hablaba: no soy un experto. He cambiado algunas monedas, he tenido otras, nunca he hecho minería. Sé de qué se trata pero nunca lo he hecho.

Lo que sí me gustaba hacer era leer white papers: los documentos donde explican de qué se trata la moneda, cuál es su fundamento, cuál es la filosofía detrás. Hay algunos que son claramente una broma y hay otros que son muy serios.

La idea que sigue en pie

Lo importante de toda esta tecnología no es el dinero, no son las monedas, no es el token: es el valor.

Y el valor es éste: no necesitas una institución para que una dinámica, un producto o un servicio funcione. Puedes hacerlo directamente de persona a persona, como lo harías en la vida real, pero de forma digital.

Los dos ejemplos que usé son de fallo de confianza, y siguen siendo buenos ejemplos:

El banco que quiebra y pierdes tu dinero.

La casa de apuestas cuyos fundadores se roban todo. (Cuando grabé esto, PokerStars y Full Tilt Poker venían de una racha de hackeos, problemas de seguridad y fraudes que los había vuelto mucho menos populares.)

En los dos casos hiciste todo bien y perdiste, porque el sistema dependía de que un tercero se portara bien. La propuesta era: aquí no necesitas confiar en nadie; tu dinero siempre es tuyo.

Los mecanismos que más me interesaron entonces —y que siguen pareciéndome buenas ideas independientemente de si el proyecto que las implementaba sobrevivió— fueron dos. Uno: remunerar al creador y también a quien lo compartió, repartiendo la comisión a lo largo de la cadena de gente que amplificó algo. Dos: alquilar cómputo por micropagos, para que mucha gente pueda acceder a un servidor potente que ninguna podría pagar sola.

Y una advertencia, que hice entonces y repito

Esto no era ni es una sugerencia de comprar nada.

En ese momento dije que había demasiada especulación, que o ganas mucho, o no ganas nada, o sales perdiendo increíblemente. Y cité a un empresario que decía que más del 90% de esas monedas iban a fallar, comparándolo con los primeros años de internet, cuando existían muchísimos servicios y sólo una pequeña parte sobrevivió.

(La analogía que usé al aire está mal construida: nombré a Chrome y Safari como sobrevivientes de una etapa en la que todavía no existían, y mezclé buscadores con navegadores. El argumento de fondo —muchos entran, casi todos desaparecen— sigue siendo válido; el ejemplo no.)

El lado feo

La segunda mitad del episodio salió de un podcast largo con Elon Musk, y hay dos cosas de ahí que rescato.

Instagram y la vida editada. Las redes te hacen pensar que la gente tiene una vida mejor de la que tiene, porque sólo ponen en pantalla los mejores momentos de cada día.

Y el matiz que me importa: eso no es necesariamente malo. Es una forma de retratarnos, es cómo queremos que nos vean y cómo queremos vernos. Sólo hay que entender que es una porción de la realidad, no toda. Es cierto que fueron de vacaciones. Es cierto que van al gimnasio. Pero no es lo único que hacen.

Y aunque nosotros no estemos en un lugar paradisíaco, eso no significa que no estemos teniendo un buen día. A veces las cosas más simples son lo que realmente importa.

Regular la inteligencia artificial, sobre todo la militar. Hacen falta leyes, porque es muy fácil que un gobierno o un grupo extremista la use para ataques muy precisos y muy letales.

Y ahí mi crítica al debate, que es la parte que mejor aguantó: el discurso está entre si es posible o no es posible, en vez de realmente regularlo, en vez de ir un paso más adelante. Más allá de las leyes hace falta conciencia: que esto sirva para agregar valor, no para seguir conflictos.

La velocidad

La tecnología crece demasiado rápido y las discusiones van muy lento, en casi todos los aspectos.

No estamos hablando de un futuro a veinte o treinta años. Estamos hablando de un futuro tal vez del año siguiente. Y una vez que la tecnología empiece a tomar decisiones importantes, no vamos a poder seguirle el ritmo si nos quedamos discutiendo si es cierto o no es cierto.

De ahí salieron las dos ideas que más me marcaron del episodio y que están en sus propios textos: que ya somos cyborgs y que la parte lenta somos nosotros, y cómo se reparte el trabajo entre humanos y máquinas.

Y el cierre

Sí es cierto que existen peligros. Pero yo creo que es más importante entender lo que está pasando, entender cómo funcionan las cosas, que estarnos preocupando. Porque no es algo que no nos va a tocar ver: es algo que no queremos ver, porque ya está pasando.

Ésa fue la frase con la que cerré, y es la que sigo firmando.


Este texto sale del episodio 005 del Podcast Algoritmos. En el intro prometí hablar de la singularidad y nunca lo hice.

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