El mito de la jirafa

Pregúntale a cualquiera por qué las jirafas tienen el cuello largo y vas a escuchar alguna versión de esto:

Las jirafas estiraban el cuello para alcanzar las hojas de los árboles altos, y de tanto estirarlo, el cuello les creció.

Es una historia preciosa. Tiene esfuerzo, tiene recompensa, tiene una moraleja. Y es exactamente al revés de lo que propuso Darwin.

La versión bonita es de Lamarck

La idea de que un organismo cambia sus características por uso o por necesidad, y le pasa esas características adquiridas a sus hijos, es de Lamarck. Es intuitiva, es motivadora, y no es cierta.

Lo que dijo Darwin es más frío

Lo que Darwin propuso en El origen de las especies (1859) no tiene nada de voluntad.

Había jirafas con cuellos de distintos largos. Ya las había, antes de cualquier necesidad, por variación. Las de cuello más largo alcanzaban más comida, sobrevivían más, se reproducían más, y esa característica pasó a la siguiente generación.

El ambiente no le alargó el cuello a nadie. El ambiente sólo decidió quién se quedaba.

Por qué esta distinción importa tanto

Podría parecer un detalle de trivia biológica. No lo es, y ésta es la razón:

La versión de Lamarck no se puede convertir en algoritmo. La de Darwin sí.

Si el mecanismo fuera "el individuo se transforma para adaptarse", tendrías que programar de antemano hacia dónde debe transformarse. Es decir: tendrías que conocer ya la respuesta. Un algoritmo así no descubre nada, sólo ejecuta lo que le dijiste.

La versión de Darwin sólo necesita tres cosas, y ninguna requiere saber la respuesta:

  1. Variación. Que haya muchas versiones distintas.
  2. Selección. Una forma de medir cuáles funcionan mejor.
  3. Herencia. Que lo que funcionó se transmita, con modificaciones.

Eso es todo. Y con eso puedes resolver problemas cuya solución nadie conoce, que es exactamente lo que hacen los algoritmos genéticos.

La consecuencia incómoda

Hay algo que la versión de Lamarck esconde y la de Darwin no: en la versión correcta, la mayoría de las variantes no sirven.

El algoritmo tiene que generar diseños malos —muchos, todo el tiempo— para poder encontrar los buenos. Las mutaciones son cambios aleatorios, y casi todas empeoran las cosas. Eso no es un defecto del método: es el método.

Cuando la gente se molesta porque un proceso de exploración produce basura, casi siempre está pensando en Lamarck. Espera que cada intento sea un paso adelante. Y no funciona así ni en biología ni en el diseño.


Este texto sale del episodio 003 del Podcast Algoritmos, sobre la evolución como algoritmo.

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