Controla tu ambiente

Dos cosas que encontré casi al mismo tiempo, una en un libro y otra en un video, y que dicen exactamente lo mismo desde direcciones contrarias.

El efecto Lucifer

Estaba leyendo El efecto Lucifer, de Philip Zimbardo, que fue el científico principal y jefe del proyecto del experimento de la prisión de Stanford.

El montaje es conocido: dividió a un grupo de estudiantes entre prisioneros y guardias. Lo que pasó después es lo que sigue costando trabajo aceptar. Los guardias empezaron a comportarse de forma éticamente muy mala con los prisioneros —no por quiénes eran, sino por la posición que ocupaban en la cadena de mando y por el ambiente tan controlado en el que estaban.

Se metieron en el papel. No sólo pusieron orden en esa prisión falsa: hicieron uso de su poder.

Los prisioneros cuentan su parte, y es igual de perturbadora. Cómo se rebelaban cada uno a su manera. Cómo iban dejando atrás que aquello era un experimento. Todos sabían que lo era, y aun así, se convirtió en su realidad mientras estuvieron ahí.

El experimento se cerró antes de tiempo porque el trato se volvió demasiado denigrante.

Lo que el libro agrega, más allá del relato, es lo que a mí me dejó pensando: cómo gente común y corriente puede llegar a hacerle daño a otras personas dependiendo de la situación en la que esté. Incluso creyendo firmemente que a uno no le va a pasar. Algunas situaciones son tan fuertes que sí lo pensamos, pero no nos detenemos a reflexionar, o no tenemos el coraje de ponernos por encima de la situación.

La rata y la heroína

Casi al mismo tiempo vi un video sobre adicciones que contaba otro experimento.

Versión uno. Una rata sola en una jaula, con dos contenedores: uno con agua, otro con heroína. La rata prefiere siempre la heroína, hasta que muere de sobredosis. En la mayoría de los casos.

La conclusión que se sacó durante años fue la obvia: la sustancia es irresistible.

Versión dos. Años después, otro científico señaló que a ese experimento le faltaba una variable: la rata no tenía otra cosa que hacer. Estar ahí, sola, sin nada. En esas condiciones tomar la heroína es lo mejor disponible.

Así que armó lo mismo pero distinto: varias ratas juntas, túneles, ruedas, un parque de diversiones para ratas. Los mismos dos contenedores.

Todas prefirieron el agua. De vez en cuando tomaban heroína, sí, pero ninguna murió de sobredosis.

La misma frase desde dos lados

El libro llega ahí por el lado oscuro: pon a gente normal en una situación mala y hará cosas malas. El video llega por el lado luminoso: pon a alguien en una situación buena y el problema que parecía químico se encoge.

La recomendación que dan los dos es la misma: controla tu ambiente, porque eso puede definir las acciones que estés tomando.

Si estás en un ambiente adecuado, en un ambiente feliz, eso lleva a mejores acciones y a mejores pensamientos. Y hay una segunda parte que me parece igual de importante: no lo dejes todo en lo interno. Uno tiende a tratar esto como un asunto de voluntad, de disciplina, de convencerse a sí mismo. Pero el ambiente no es interno. Se construye afuera: con lo que haces, con dónde estás, con las personas que conoces.

Por qué me sigue costando

Porque la conclusión es incómoda de verdad. No dice "eres débil". Dice algo peor: dice que buena parte de lo que crees que es tu carácter es en realidad tu situación, y que si te cambian la situación te vas a comportar distinto sin darte cuenta de que cambiaste.

La única salida práctica que le veo es dejar de pelearme conmigo mismo y empezar a mover lo de afuera, que es más lento y bastante menos heroico.


Este texto sale del episodio 006 del Podcast Algoritmos, donde iba de recomendación a media charla sobre GPUs y cómputo paralelo.

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