Lo que no se puede decir aunque sí haya palabras
Vivo entre tres idiomas. El español es el idioma en el que hablo con mi familia y amigos de toda la vida, en el que digo lo que siento y pienso con matices, en el que puedo hacer las mejores explicaciones, también en el que mejor me puedo esconder. El inglés es el idioma que comparto con mi novia y es gran parte de mi vida cotidiana, en el que trabajo y en el que consumo la mayoría de las cosas que leo, veo y escucho. El checo es el territorio extranjero, el idioma donde soy torpe, lento. A pesar de eso es el idioma donde soy más honesto, porque no tengo cómo disimular mi ignorancia.
Siempre he querido que gente que no habla el mismo idioma se conozca más allá de lo superficial, o al menos que tenga la oportunidad.
Basquetbol
Hace unos años estaba en México con mi familia, jugando básquetbol. Mi novia estaba ahí también. Hablamos inglés entre nosotros. Yo estaba explicando todo en inglés. Mi idea era incluir a todos en un idioma que todos entendieran, a pesar de que la mayoría podía hablar español. En algún punto mi tía se voltea hacia mí y me dice "No entiendo lo que estás diciendo." En ese momento me di cuenta que ella llevaba más de una hora sin entender nada de lo que decíamos.
No sabía qué decir. No quería hacerla sentir mal pero al mismo tiempo no sabía qué explicar y qué dejar pasar. No había forma ni tiempo de traducir todo lo que se había perdido hasta entonces. El inglés se ha vuelto tan cotidiano para mí que había dejado de percibir que hay gente a mi alrededor que no lo habla.
Ya habia aceptado la distancia física, pero no quería alejarme de ellos emocionalmente. No quería volverme tan diferente que dejáramos de entendernos, de perderme de sus vidas porque las experiencias que tenemos ya no son similares. Con mi tía se me hizo evidente: no sabía que ella no hablaba inglés. Ni que otros miembros de mi familia se sienten intimidados de intentarlo. Había asumido algo que no era cierto, y esa suposición ya era una forma de distancia.
En ese momento entendí que la conexión que mi novia puede tener con ciertos miembros de mi familia es limitada. Aunque ella entiende el español, no puede tener conversaciones tan detalladas con mi familia. En español tiene que simplificarse. Ir al punto. Lo que normalmente fluye en ella se contiene. Ellos no la conocen como yo la conozco, ni ella puede conocerlos como yo los conozco.
Mi suegra
En checo básico, yo desaparezco. Los detalles, las opiniones, las burlas que en español hago sin pensarlo, y que en inglés puedo expresar, en checo no existen todavía. Solo hay transacciones. Chceš kavu nebo čaj? La vulnerabilidad que en español sé esconder muy bien, en checo queda expuesta todo el tiempo porque no tengo los recursos para esconderla.
Con mi suegra hubo una época de mucha pantomima. Sonreíamos sin entender muy bien de qué, y de alguna forma funcionaba.
Después aprendí lo básico del checo. Y eso, paradójicamente, volvió la comunicación más difícil. Ella empezó a hablarme como si ya entendiera todo, y yo me perdía más que antes. Lo que antes era una limitación compartida se convirtió en una expectativa que no podía cumplir. Ella también había empezado a aprender inglés, pero lo abandonó. A veces simplemente prefería no hablarme y yo hacía lo mismo con ella. Fue algo que dejamos de intentar sin decirlo.
Cuando estamos en persona siempre hay algo que hacer — limpiar, preparar la comida, jugar con mi hijo — y eso lo vuelve más fácil. La actividad llena el silencio. Pero por teléfono no hay dónde esconderse. A veces me sentía inútil en esas conversaciones y creo que ella se quedaba frustrada. Al finalizar las llamadas siempre me quedo pensando en que otras cosas pude haber dicho o como pude haberlo hecho mejor. El esfuerzo que requiere es grande, y no siempre hay energía para hacerlo, y a veces lo que queda es el silencio.
El cumpleaños
El segundo cumpleaños de mi hijo fue la primera vez que vi parte de estos dos mundos en la misma sala. Generalmente hacemos reuniones separadas para evitar aislar a alguien por no poder comunicarse con el resto de las personas. Esta vez invitamos a todos al mismo evento por primera vez.
Hispanohablantes y checos en el mismo espacio, pero con una división clara que nadie eligió y nadie supo cómo romper. Los grupos se formaron solos. Los que solo hablan checo quedaban fuera cuando hablábamos inglés. Los hispanohablantes se aislaron en un círculo al que los checos no pudieron entrar.
Los niños no tienen ese problema. Mi hijo y sus amigos no negociaban idiomas, no calculaban si el otro entendía. Querían jugar, y jugaban. La pantomima y las palabras sueltas que a mí me resultan tan frustantes con los adultos, para ellos es la única forma de comunicarse. Las palabras son útiles, no un requisito.
Una tarde estábamos cenando cuando empezó a sonar una canción con trompetas. Mi hijo y yo empezamos a jugar con las manos frente a la boca como si las tocáramos. Llegó mi novia, se sentó a nuestro lado, preguntó de qué nos reíamos. Le mostramos el juego. Ella hizo la pantomima de que le explotaba la cabeza con el sonido "boom". Mi hijo la imitó a la perfección. Los tres soltamos la carcajada.
"Creo que no sabe exactamente por qué nos reímos, pero entendió que lo que hizo era chistoso.", dijo mi novia.
No es el idioma lo que nos limita, somos nosotros los que dejamos de expresar lo que no se puede decir aunque sí haya palabras.