El problema que llevas años sin resolver
Le pregunté a Joan Travé por el problema más complicado que se le hubiera atravesado. Esperaba una anécdota de superación. Me dio otra cosa mejor.
El problema
Hay una página, aceptaelreto.com, parecida a HackerRank pero para C, C++ y Java.
Hay uno de los problemas que va de matrices diabólicas, cuadrados diabólicos. Ahora no lo explicaré porque es muy largo, pero son unas matrices cuyos elementos cumplen unas propiedades en relación a sus posiciones.
Y entonces:
Pues este problema a mí me resulta súper complicado. Pero súper. Es más: aún no lo he resuelto. Se me bloquea.
La parte que me gustó
Lo que sigue es lo que hace que valga la pena contarlo:
Yo estoy esperando a ver el día que me llegue la inspiración y lo pueda resolver.
No dijo que lo hubiera abandonado. Tampoco dijo que estuviera dándole todos los días hasta vencerlo. Dijo que está esperando.
Ese problema sigue abierto, sin fecha, sin plan, y sin que él lo viva como un fracaso.
Por qué me parece sano
Casi todo lo que se dice sobre problemas difíciles cae en uno de dos extremos.
Uno es la persistencia heroica: le das hasta que sale, porque rendirse es de débiles. Funciona a veces, y también es cómo se pierden meses en algo que no iba a salir con más horas sino con más contexto.
El otro es la eficiencia: si no lo estás resolviendo, no es prioridad, sácalo de la lista. Muy racional, y te deja sin ningún problema difícil abierto, que resulta ser una pérdida.
Joan hace la tercera cosa. Lo deja abierto. No cerrado, no en curso: abierto.
Y su motor para todo lo demás, dicho en el mismo episodio, era la satisfacción de cerrar el ciclo de un problema que te estaba rompiendo la cabeza. O sea que el problema no resuelto no lo contradice: lo alimenta. Es la promesa de un ciclo que todavía no cierra.
Sobre lo de esperar la inspiración
Suena a excusa y no lo es, y creo que vale la pena decir por qué.
Un problema al que le has dado muchas vueltas no está inerte mientras no lo miras. Sigues aprendiendo cosas en otros contextos, y de vez en cuando una de esas cosas resulta ser la pieza que faltaba. Eso es, más o menos, lo que la gente llama inspiración: no una idea que llega de la nada, sino una que llega porque cambiaste tú.
Contra eso no funciona insistir. Funciona tener el problema todavía cargado el día que aparezca la pieza.
Y por eso conviene tener uno
Un problema que no puedes resolver, que sigue ahí, y que te importa.
No sirve de nada práctico. Sirve para que tengas dónde poner lo que vas aprendiendo, y para recordarte —cada vez que lo abres— que sigue habiendo cosas que no puedes hacer.
Este texto sale del episodio 019 del Podcast Algoritmos, una conversación con Joan Travé.