El cuarto gris
Hay un experimento mental en filosofía que me quedé pensando estos días. No recuerdo ni siquiera de qué filósofo es, así que va como lo tengo en la cabeza.
El cuarto
Imagina que vives en un cuarto donde no existe el color.
Todos los muros son de un solo color. Toda tu ropa. Tu piel. Si escupes, la saliva. Si te cortas, la sangre. Todo del mismo color, porque además algo le pasó a tus ojos y sólo ves en escala de grises.
Y en ese cuarto tienes todo el conocimiento que se te ocurra sobre los colores. Libros, videos, lo que quieras. Qué es el rojo, qué es el amarillo, qué es el azul.
Lo estudias a la perfección. Es lo único que hay que hacer ahí.
Lo que sabrías
Sabrías que el amarillo se define por ondas electromagnéticas de cierta frecuencia. Sabrías cómo está construido el ojo. Sabrías cuáles son los sensores que perciben color y cómo funcionan. Sabrías exactamente qué hace el cerebro para reconocer un color en particular.
Sabrías absolutamente todo lo que se puede saber sobre el color.
Lo que no
Y aun así no sabrías qué es el amarillo.
Ninguna de esas frecuencias te dice cómo se ve. La descripción completa del mecanismo no contiene la experiencia de verlo.
Fuera del cuarto
Lo mismo pasa con casi todo.
Puedes estudiar qué es una aurora boreal. Puedes estudiar qué es la nieve.
O el Coliseo. Todos lo hemos visto en la tele. Tenemos información sobre él, sabemos que ahí peleaban gladiadores. Pero no es lo mismo que haber estado.
Y fíjate en la distinción que hay ahí: el momento histórico nunca lo vamos a saber. Nadie va a estar ahí cuando peleaban. Eso se perdió.
Pero el edificio sí podemos ir a visitarlo. Y sólo estando parado adentro puedes saber qué tan grande es realmente. Si hace honor a su nombre. Si de verdad es colosal.
Esa palabra —colosal— no la puede transmitir ninguna cifra en metros.
Por qué me importó tanto
Porque me mudé a otro país, y me pasó exactamente esto.
Yo sabía que existía otro idioma. Sabía cómo funcionaban en teoría un montón de tecnologías que nunca había usado. Sabía, en el sentido de tener información, prácticamente todo lo que me estaba pasando.
Y no sabía nada, porque no lo había vivido.
Es un argumento incómodo para alguien que hace un podcast explicando cosas, y creo que hay que decirlo de todos modos: hay un límite duro en lo que se puede transmitir con información. Puedo explicarte cómo funciona algo. No puedo darte la experiencia de haberlo hecho.
Lo único que se puede hacer con ese límite es respetarlo. Explicar lo que sí se explica, y decirle a la gente que vaya a hacer el resto.
Este texto sale del episodio 015 del Podcast Algoritmos, sobre la ignorancia como motor.