La beca que no sabías que existía

En la conversación con Joan Travé salió, casi de pasada, algo que se me quedó más que la parte técnica.

Consiguió una beca de colaboración: una beca que se ofrece a estudiantes para colaborar con una asignatura de primero o segundo, a elección.

Le pregunté cómo la consiguió, y la respuesta es ésta:

Al final la universidad un poco... te enteras de las cosas porque te las dicen los profesores. Yo esta beca ni sabía que existía, hasta que conocí a un profesor que vio que a mí me apasionaba el tema.

Se lo dijo él, además. El profesor le preguntó a qué se quería dedicar, Joan le dijo que quería dar clases en la universidad —algo que quiere desde pequeño—, y el profesor le contestó: pues hay esta beca.

Y yo la pedí y me la dieron.

Lo que él mismo notó

Joan lo dijo con una claridad que no siempre se tiene sobre la propia suerte:

Si la pides te la dan, porque ya no sabes que existe hasta que te lo dice un profesor.

Esa frase contiene todo el problema. La beca prácticamente no tenía competencia. No porque nadie la quisiera, sino porque casi nadie sabía que estaba ahí.

El problema de fondo

Las oportunidades académicas circulan por canal informal.

Están anunciadas en algún lado, técnicamente. Pero el mecanismo real por el que se enteran las personas es que alguien con acceso te lo menciona en una conversación.

Lo cual significa que quien se lleva la beca no es necesariamente quien más la merece o quien más la necesita. Es quien tuvo una charla con el profesor correcto.

Y para tener esa charla hace falta algo que rara vez se nombra: haberte acercado a un profesor, haberle caído bien, y haberle dicho en voz alta qué quieres hacer con tu vida. Tres cosas que a mucha gente le cuestan enormemente y que no tienen nada que ver con su capacidad.

Por qué no es un problema menor

Porque el efecto se acumula.

Esa beca le dio a Joan experiencia dando clases, que es exactamente lo que quiere hacer. Le dio contacto directo con profesores. Le dio una línea en su currículum académico. Y todo eso hace más probable la siguiente oportunidad, que probablemente también llegará por canal informal.

Es un sistema que le da más a quien ya estaba adentro, sin que nadie lo haya diseñado así y sin que nadie esté actuando de mala fe.

Lo único práctico que se me ocurre

Si estás estudiando: pregunta. Explícitamente, a un profesor, qué existe que tú no sepas que existe. Es una pregunta rara de hacer y es la que más rinde.

Y si estás del otro lado —dando clases, o simplemente llevando más tiempo en algún lugar—: menciona las cosas en voz alta. Lo que a ti te parece obvio y sabido es, para alguien que acaba de llegar, información que no tiene forma de conseguir.


Este texto sale del episodio 019 del Podcast Algoritmos, una conversación con Joan Travé.

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