Lo que aprendí al escucharme seis años después
Entre 2018 y 2020 grabé Podcast Algoritmos: veinte episodios sobre tecnología, algoritmos y cómo funcionan las cosas. Luego lo dejé.
Este año volví a ese material para pasarlo a texto y publicarlo aquí. El ejercicio era logístico: transcribir, ordenar, escribir. No esperaba que me devolviera nada más que archivos.
Me devolvió bastante más.
Por qué volví a esto
Es relevante para lo que quiero hacer ahora. Muchas de las preguntas que me hacía entonces —quién se hace responsable cuando un sistema decide, qué se puede enseñar y qué no, cómo aprende alguien que no tiene a quién preguntarle— son exactamente las que tengo enfrente hoy. No las resolví en 2019. Las dejé escritas.
Releerlo me dio mucha nostalgia. Está ahí mi mudanza a otro país, el trabajo nuevo, la gente con la que hablé. Hay episodios donde puedo escuchar exactamente en qué semana de mi vida estaba.
Y me arrepiento de no haber continuado. Ésta es la incómoda. Si hubiera sostenido esto todos estos años, hoy tendría una biblioteca enorme. En vez de eso tengo veinte episodios y un hueco de seis años.
Bueno. Nunca es tarde para volver a empezar.
Lo que me dijeron de mi forma de hablar
Aquí viene la parte que no esperaba.
Para pasar los episodios a texto usé inteligencia artificial sobre las transcripciones. Aprovechando que ya había leído las veintiséis completas —cosa que yo nunca había hecho—, le pedí una crítica honesta de cómo entrevisto, cómo expongo y cómo hablo. Doliera lo que doliera.
Dolió. Y tenía razón en casi todo.
Lo publico porque este podcast siempre trató de mostrar el proceso y no sólo el resultado, y sería bastante hipócrita hacer una excepción justo cuando el proceso soy yo.
Dejaba pasar las bombas. Cuando un invitado se salía de mi guion, yo volvía al guion. Franco me contó que YouTube le había borrado todos sus videos y seguí de largo. Ariel mencionó a un mexicano investigando radar cuántico en la US Navy y no repregunté. Bruno describió cinco escuelas públicas donde el internet rompía el código y lo dejé en una línea. La regla que debí haber usado: si algo me sorprende a mí, ésa es la siguiente pregunta.
Competía por el aire en el episodio del invitado. Metía mis anécdotas y mis marcos en el tiempo que era suyo. La gente no llegó ahí para oírme a mí.
Metía el intermedio a la mitad de las entrevistas, justo cuando el invitado agarraba ritmo.
Elegí temas visuales para un medio de audio. Durante tres años. Convolución, histogramas, mapas de Karnaugh, frentes de Pareto: cosas que se entienden viéndolas. Y lo diagnostiqué en voz alta tres veces, en tres episodios distintos, sin arreglarlo nunca. Este blog es, con muchísimo retraso, esa solución.
Me descalificaba justo antes de decir algo bueno. "No soy un experto" aparece en casi todos los episodios, y casi siempre pegado a mi mejor material.
Enterraba lo mejor en el intermedio. El experimento de la prisión de Stanford, el Rat Park, "¿qué tan seguro estás?", el hombre que patentó el número pi. Lo más memorable, siempre en el hueco donde la gente adelanta.
Anunciaba más de lo que cumplía. El videojuego de Unity, la singularidad, el episodio de bases de datos, la demo de la librería de imágenes. Ninguno existió.
Definía primero e ilustraba después, cuando mis ejemplos eran lo mejor que tenía. Las luces de Navidad explican el cómputo paralelo mejor que mi definición de cómputo paralelo, y sin embargo iban en segundo lugar.
Y el de fondo, el que más me costó leer: estructuré el podcast como si lo técnico fuera el producto y yo fuera el relleno. Era al revés.
Lo que me llevo
Tres cosas.
La primera es que el material era mejor de lo que recordaba, y peor donde no me acordaba. Las digresiones de tres minutos que metía entre secciones resultaron ser, en varios casos, lo más sólido del episodio. De hecho más de la mitad de lo que publiqué aquí sale de ahí, no del tema principal.
La segunda es que casi todos mis defectos son el mismo defecto: no confiar en que la parte mía es la parte que vale. De ahí sale el "no soy un experto", el enterrar lo bueno en el intermedio, el definir antes de ilustrar y el volver al guion cuando alguien me sorprende.
La tercera es más práctica. Al ordenar los episodios descubrí que ni yo sabía cuántos eran. Tres capítulos se habían quedado sin número, había cortes duplicados con el mismo título compitiendo entre sí, y videos subidos años después que llevaban la fecha de subida en vez de la de grabación. Los números que faltaban acabé deduciéndolos de los huecos en la numeración y de las fechas de los episodios vecinos: eran el 005, el 014 y el 020. Un proyecto que dejas a medias no se queda quieto esperándote: se desordena.
Por eso lo estoy ordenando ahora.
El índice completo, con los veintiún textos de episodio y los cincuenta y tres que salieron de sus digresiones, está en Podcast Algoritmos.